top of page

Uunisurma o El asesinato del horno

  • Foto del escritor: David CM
    David CM
  • 19 dic 2025
  • 9 Min. de lectura

El artículo que estás a punto de leer es diferente de lo que acostumbro a escribir en el blog, pues, aunque en los archivos policiales se considere un caso sin resolver, parece bastante claro quien fue el culpable de este crimen, pero lo mejor es que seas tú quien juzgue, y para eso necesitas conocer todos los detalles:

El pequeño pueblo de Kokemäki en la actualidad. Fuente: wikipedia
El pequeño pueblo de Kokemäki en la actualidad. Fuente: wikipedia

La vida de Hilkka Hillevi Saarinen hacía años que se había convertido en un infierno. La vieja casa de madera que había heredado de su familia en Kokemäki, una comunidad rural al suroeste de Finlandia, estaba lejos de ser un refugio seguro para ella y sus cinco hijos, y el culpable tenía nombre y apellidos: Pentti Olavi Saarinen.


Desde su boda en 1947 cuando Hilkka tenía 19 años, todo su tiempo había estado dedicado al cuidado de la casa y más tarde al de sus hijos. Sin embargo, Pentti dedicaba su vida casi en exclusiva al alcohol y sus constantes borracheras causaban estragos en la vida familiar de los Saarinen. Su comportamiento cuando estaba bajo los efectos del alcohol era violento, maltratando tanto a Hilkka como a sus hijos. Con frecuencia golpeaba sus cabezas contra la pared, les perseguía con un hacha tras horribles discusiones o creaba para ellos crueles castigos.


Hilkka Hillevi Saarinen
Hilkka Hillevi Saarinen

Todo esto era bien sabido por los vecinos de la familia por lo que en 1958 el estado intervino, llevándose a los cinco hijos de aquel infierno y dejándolos en casas de acogida. Esta medida, si bien fue de gran ayuda para los niños, supuso una pesada losa para la ya dura vida de Hilkka pues además de ser desposeída del cariño de sus hijos por algo que ella no había hecho, ahora se quedaba sola junto a su agresor y sin testigos que le importunasen, Pentti daría rienda suelta a su cólera...


Aunque el resto de hijos no visitaba a sus padres, por ser menores de edad y estar en casas de acogida, Seppo, el hijo mayor pasaba de vez en cuando por la casa familiar. Eso hizo el 25 de diciembre de 1960 junto con un amigo del colegio con intención de pasar las vacaciones de navidad junto a sus padres. La llegada de los chicos se adelantó un día, así que en la casa no les esperaban aún.


La casa de la familia Saarinen. Fuente: is.fi
La casa de la familia Saarinen. Fuente: is.fi

Al llegar, Seppo encontró la puerta principal abierta, cosa no habitual, así que ambos chicos atravesaron el recibidor y llegaron al vestíbulo sin encontrar a nadie. En ese momento apareció desde la cocina Pentti, su padre, cerrando rápidamente la puerta tras de sí, bloqueando el paso a los chicos y preguntándoles sorprendido por su llegada anticipada. Deseoso de ver a su madre, Seppo quiso saber de ella, pero Pentti le contó que se había ido mientras él dormía. Cuando Seppo sugirió que podría estar en casa de unos vecinos en la que había trabajado previamente, su padre se limitó a contestar: “Ella nunca está allí”.


El resto del día pasó y seguía sin haber rastro de Hilkka. Cuando aquella noche antes de acostarse, los chicos fueron a buscar unas mantas al dormitorio principal, situado detrás de la cocina, el ambiente en la casa se enrareció incluso un poco más.


Al acercarse a la cocina, Seppo se dio cuenta de que estaba a oscuras, así que preguntó a su padre la causa y este le dijo que la bombilla se había roto. Para llegar al dormitorio principal, los chicos atravesaron como pudieron la cocina guiados por el haz de luz que llegaba desde el vestíbulo. Aún en la penumbra ambos se dieron cuenta como la miscelánea de cacharros que durante años se habían acumulado encima del gran horno de la cocina, estaba desparramada por el suelo. A preguntas de su hijo sobre el tema, Pentti se excusó en que había estado limpiando en la oscuridad, pese a que tanto el dormitorio principal como el vestíbulo tenían luz. Por si esto fuera poco, Seppo se fijó en que los nudillos de una de las manos de su padre estaban arañados.


Además de las peregrinas excusas que ponía Pentti a las preguntas de su hijo, el hombre seguía con detalle cada movimiento de los chicos desde que llegaron a la casa y parecía nervioso. Este comportamiento consiguió incomodar al compañero de escuela de Seppo, que se fue a su casa antes de lo previsto. Seppo no obstante, dejó estar las cosas, aunque seguía sin haber rastro de su madre y su padre parecía indiferente a su desaparición.


Pentti Saarinen. Fuente is.fi
Pentti Saarinen. Fuente is.fi

Tal era la indiferencia de Pennti Saarinen, que seguía defendiendo que su mujer se había marchado voluntariamente, tuvieron que ser los vecinos quienes contactaron con la policía, preocupados por la ausencia de Hilkka. La policía condujo una investigación entre diciembre de 1960 y principios de 1961 en la que algunos vecinos, que sabían de las terribles dinámicas familiares de los Saarinen, tomaron parte. Si bien hubo un esfuerzo para encontrar a la mujer, todos partían de la idea de que Hilkka había desaparecido voluntariamente debido al maltrato constante al que le sometía su marido.


La policía retuvo brevemente a Pentti para interrogarle debido a los numerosos rumores que le apuntaban, pero no se encontraron evidencias sólidas contra él.


El caso fue oficialmente calificado como persona desaparecida, posiblemente de forma voluntaria, lo que otorgaba a su caso una baja prioridad a comienzos de 1961.


Los años pasaron y Seppo seguía visitando la casa familiar de vez en cuando sin por supuesto haberse olvidado de su madre. Si bien él también pensaba que Hilkka había tenido suficiente y se había marchado lejos de su maltratador, algo le decía que no todo había sido tan fácil. Por este motivo, cada vez que se quedaba sólo en sus visitas, recorría la antigua casa de madera buscando evidencias de lo que le podía haber sucedido a su madre. Inspeccionó el sótano al final de la casa con su suelo de tierra, así como el baño exterior y los alrededores de la propiedad.


Seppo también estaba desconcertado por la desaparición de un montón de arena que llevaba años en el patio delantero del establo de las vacas.


Con el tiempo, el chico empezó a sospechar que su madre ya no estaba viva así que llevó sus pesquisas un paso más lejos. Exploró con detalle las tablas que cubrían el suelo de la casa, el gran ático y los cimientos de piedra sobre los que se asentaba el edificio, con ayuda de una linterna. Seppo además golpeó con detenimiento las junturas de la pared del horno con sus dedos, descubriendo que los ladrillos de la parte de arriba habían sido quitados y vueltos a poner.


Para 1966 las sospechas de Seppo eran tan fuertes que envió una carta a la policía: “Sospecho que mi padre sabe más de la desaparición de mi madre de lo que me ha contado. Claramente ha abierto el horno y lo ha cerrado de nuevo. Sin embargo, el horno no había sido usado en 7 u 8 años antes de esto. Mi padre estaba limpiando en la oscuridad, incluso aunque la habitación contigua estaba encendida cuando llegué. Creo que deberían desmontar el horno. Mi padre es capaz de cualquier cosa.”


De forma incomprensible, la carta fue ignorada.


En vista del poco existo que había obtenido, Seppo decidió hacer pública su denuncia para que toda Finlandia supiera de lo que era capaz su padre. En mayo de 1967 escribió y publicó en la revista Elamä un artículo titulado “Donde desaparecieron/Sospecho que mi padre es un asesino”, en el que abiertamente acusaba a Pentti de haber asesinado a Hilkka.


Cuando tiempo después de la publicación del artículo, padre e hijo se volvieron a encontrar, Pentti se limitó a decir: “Ocupémonos de nuestros propios asuntos”.


Pese a las acusaciones de Seppo y a sus intentos para que la policía se ocupara del caso de su madre, todo seguía en el limbo hasta que en 1972 a los nuevos investigadores se les ordenó la tarea de revisar casos fríos. Debido a esta orden se leyó de nuevo la carta que el joven había enviado a la policía y se le llamó a declarar. En esta nueva etapa se revisaron los interrogatorios relacionados con el caso, que contenían gran cantidad de rumores irrelevantes que habían ido circulando alrededor del pueblo. Pequeñas inconsistencias entre estas historias dieron la excusa a los investigadores para continuar las sospechas que albergaba Seppo desde hacía años.


Finalmente fue un 27 de noviembre de 1972, doce años después de la desaparición de Hilkka Hillevi Saarinen, cuando el comisario del distrito de Turku, Gunnar Kivelä y su asistente, llegaron a Kokemäki con un documento que les autorizaba a desmontar el horno de la casa de los Saarinen. El marido, Pentti, fue trasladado a la comisaría mientras se llevaba a cabo el registro.


Durante el interrogatorio policial, Pentti Saarinen negó rotundamente hasta el final su implicación en la muerte de su esposa. Fuente: is.fi
Durante el interrogatorio policial, Pentti Saarinen negó rotundamente hasta el final su implicación en la muerte de su esposa. Fuente: is.fi

El gran horno de la casa fue abierto con ayuda de un albañil. El interior había sido rellenado de arena en un tiempo sin determinar, así que los investigadores debieron cavar para obtener pruebas, y vaya si las obtuvieron...


Lugar donde se encontró el cuerpo. Fuente is.fi
Lugar donde se encontró el cuerpo. Fuente is.fi

Lo primero en aparecer fueron las botas de goma de Hilkka indicando que estaban en el camino correcto. Poco después apareció la cabeza momificada de una mujer, un metro enterrado en la arena. Poco después apareció un pie y finalmente el cuerpo entero. Cuando el cadáver estuvo desenterrado completamente, fue trasladado a la ciudad de Pori, la capital regional. Al día siguiente Seppo confirmó lo que todos sospechaban y él llevaba tantos años denunciando: el cadáver encontrado en el horno era el de su madre Hilkka Saarinen.


Restos de Hiilka en el horno. Fuente: strikethetruth.com
Restos de Hiilka en el horno. Fuente: strikethetruth.com

Los forenses confirmaron homicidio por traumatismo contundente, probablemente causado por un hacha o herramienta circular, pero la causa de la muerte no pudo ser establecida con precisión debido al avanzado estado de descomposición del cuerpo y la momificación debida al ambiente cerrado y seco del horno. No se encontraron evidencias de heridas fatales, huesos fracturados, heridas cortantes, drogas o venenos.


El caso fue visto en el tribunal local de Kokemäki. Una vez allí, Pentti no pidió un abogado defensor, por lo que le fue designado uno por el tribunal. En todo momento el hombre negó todos los cargos y se declaró inocente. Al ser confrontado por el motivo de que el cadáver de su mujer estuviera enterrado en el horno de su casa, respondió con la historia inédita hasta ese momento de que unos gitanos habían entrado en la casa poco antes del 23 de diciembre de 1960 y debían ser ellos los culpables de todo. Esta teoría, obviamente, fue desestimada rápidamente.


Numerosos testigos contaron frente al tribunal las quejas de Hilkka sobre el maltrato al que su marido le sometía, así como las lesiones producidas por estos actos, que la obligaban a visitar al médico de forma frecuente.


No obstante, una pista que fue ignorada por el tribunal fue la lista de libros que Pentti Saarinen sacó de la biblioteca local los meses anteriores al incidente. Desde abril a diciembre de 1960 el hombre tomó prestados 75 novelas sobre crímenes, muchas de las cuales contenían algún asesinato, incluidas algunas sobre el de la propia esposa.


Tras el juicio, el tribunal consideró que Pentti no había causado la muerte de Hilkka a propósito y le sentenció a ocho años por homicidio involuntario, de los cuales sólo cumplió un año antes de ser liberado por el Tribunal de Distrito de Turku y el Tribunal Supremo de Finlandia. La absolución se basó en que ni la causa ni la manera en que murió Hilkka Saarinen se habían esclarecido y que nadie podía ser condenado por un asesinato accidental ocurrido doce años atrás.


Tras ser liberado, Pentti Saarinen volvió a la casa, que había quedado vacía durante aquel año y estaba muy deteriorada. Allí vivió una vida de reclusión y ni siquiera se molestó en reconstruir el horno que había desmantelado la policía. Sus hijos, incluido Seppo, perdieron el contacto con él hasta que una de sus habituales borracheras acabó con su vida el 1 de agosto de 1986.


El Tribunal de Apelación de Turku liberó a Pentti Saarinen después de cumplir poco más de un año de prisión a finales de 1973. Fuente: is.fi
El Tribunal de Apelación de Turku liberó a Pentti Saarinen después de cumplir poco más de un año de prisión a finales de 1973. Fuente: is.fi

La casa de los Saarinen fue demolida en 2015.


El horno de la casa Saarinen un año antes de la demolición.
El horno de la casa Saarinen un año antes de la demolición.

Si bien en este caso la actuación policial dejó mucho que desear, favoreciendo que un hombre a todas luces culpable del asesinato de su mujer no pagara por su crimen, El asesinato del horno, sirvió para denunciar la lacra de la violencia contra las mujeres en la Finlandia rural de los años 70. Tanto la carta pública de Seppo como la extensa cobertura del caso que en 1972 llevó a cabo el periódico Ilta-Sanomat, ayudaron a comenzar un cambio gradual en la sociedad y una mejora en las leyes en los años posteriores.


Seppo y Seija Saarinen dejando flores en la tumba de su madre. Fuente: strikethetruth.com
Seppo y Seija Saarinen dejando flores en la tumba de su madre. Fuente: strikethetruth.com

Con todos los datos que tienes ahora ¿Quién te parece que fue culpable de la muerte de Hilkka Saarinen? ¿Crees que Pennti debió ser absuelto o seguir en la cárcel pese a la falta de pruebas? Cuéntame todo lo que pienses sobre este caso en los comentarios.



 
 
 

Comentarios


220306LogoDosierEnigma_100px-03.png
  • Instagram
Suscríbete a nuestra newsletter

¡Gracias por suscribirte!

bottom of page