El cadáver frente a la catedral de Jaén
Era una madrugada calurosa la de aquel 11 de julio de 2006 en la ciudad de Jaén. Apenas nadie recorría las históricas calles de la ciudad andaluza, sin embargo, un suceso que iba a perturbar por mucho tiempo a los jienenses, estaba a punto de ser descubierto.

Una joven pareja que paseaba cerca de la plaza de Santa María, escuchó un alboroto que desentonaba con el silencio nocturno. Al entrar en la plaza pudieron observar por un instante como una figura masculina abandonaba a toda prisa el lugar en dirección a las calles próximas al ayuntamiento. Cuando llegaron frente a la catedral, no estaban preparados para la espeluznante escena que se mostró frente a ellos...

Bocabajo tirado en el pavimento se hallaba un hombre desnudo, inmóvil y con golpes en varias zonas de su cuerpo. Para completar la pavorosa escena, una mezcla de excrementos y plumas de paloma había sido diseminada por todo su cuerpo.
Sin dilación los jóvenes llamaron al 112 y una patrulla de la policía local y efectivos sanitarios se personaron en el lugar, pero lo único que pudieron hacer fue certificar la muerte del hombre. El cadáver presentaba un fuerte golpe en la parte posterior de la cabeza, además de otras heridas distribuidas por el cuerpo. Cerca del cadáver, los agentes hallaron la ropa del hombre, con algunas manchas de sangre en la camisa, a la que le faltaban varios botones, además de otras de sus pertenencias, como una cartera. En esta se encontró dinero, y algo clave para los primeros pasos de la investigación: su DNI.
Gracias a ese documento, se descubrió que el cuerpo sin vida pertenecía a Francisco de la Higuera Muñoz, de 59 años y vecino del barrio de Peñamefécit.

Pronto se fueron descubriendo más datos sobre Francisco, al que se conocía popularmente como Paco “Bodegas”. El hombre vivía solo, era alcohólico y al parecer tenía algún tipo de trastorno mental pues había estado internado en la Unidad de Salud Mental del Complejo Hospitalario de Jaén.
Los policías también tuvieron conocimiento de que esa misma noche se realizó una llamada a emergencias porque un hombre estaba armando jaleo en la calle a altas horas de la noche. Este hombre resultó ser el propio Francisco saliendo de uno de sus bares de confianza. Este incidente fue corroborado por los agentes que acudieron a la llamada y que encontraron a Francisco en claro estado de embriaguez y ya sin camisa. Otra pareja que caminaba esa noche por la ciudad también se cruzó con el hombre tambaleándose y desnudo de cintura para arriba.
Al analizar estos hechos, los investigadores comenzaron a formarse la teoría de que Francisco, aturdido por la borrachera y el calor de aquella noche de verano, hubiera perdido el equilibrio y al caer en la plaza frente a la catedral, se hubiera golpeado fatalmente la cabeza. Esta teoría sin embargo, dejaba sin explicación la completa desnudez del cadáver y el hecho de que estuviera cubierto de plumas y heces de paloma.
El registro de la casa de Francisco no aportó nada adicional y de momento era prácticamente imposible identificar al hombre que había huido de la escena del crimen cuando se descubrió el cuerpo. Para intentar cambiar esto, los investigadores realizaron un exhaustivo visionado de todas las cámaras de seguridad disponibles hasta que en una de ellas encontraron lo que buscaban: un hombre moreno de unos 30 años y camisa a cuadros alejándose de forma apresurada de las inmediaciones de la catedral.
Este hallazgo, que presagiaba buenas noticias, pronto se convirtió en un regalo envenenado, pues la ínfima calidad de las imágenes hacía imposible cualquier identificación del sujeto. Aun así los investigadores, foto en mano, realizaron una búsqueda puerta por puerta, que no fructificó en los resultados esperados.

Si bien nada se supo de aquel hombre que parecía huir de la plaza de Santa María, las pesquisas entre los vecinos de la zona contribuyeron a enredar, aún más si cabe, un caso que ya estaba dando mucho de que hablar en la ciudad de Jaén. Uno de los interrogados afirmó haber escuchado aquella noche como una voz masculina gritaba una inquietante frase que le congeló la sangre: “¡Ven aquí Satanás, que soy tu hermano!”.
Esto, combinado con lo extraño de la escena del crimen, hizo que la imaginación de vecinos y prensa volara como atrapada en una corriente de aire caliente. La teoría de un asesinato ritual ganó una inusitada fuerza y una pregunta resonaba por las calles de la ciudad andaluza ¿Había una secta satánica actuando en la ciudad? ¿Estaban los miembros de la secta entre sus vecinos?
Aunque las teorías satánicas y ritualistas eran muy atractivas, lo cierto es que tenían poco fundamento pues la policía no tenía constancia de ninguna práctica de aquel tipo en la ciudad y muchos de los elementos que podrían sugerir una escena del crimen ritualizada, o eran falsos o estaban equivocados. Incluso el grito que se supone se escuchó en la plaza no está claro si forma parte del informe o quedó como parte de la leyenda sobre el caso. Uno de los elementos principales de este ritual parecían ser las plumas y las heces de paloma que cubrían el cadáver, pero aquel misterio se resolvió solo, dejando los tintes satánicos a un lado y convirtiéndose en algo más mundano.

Uno de los comerciantes de la zona contactó con la policía para explicar que aquella mañana, uno de los empleados de su comercio textil había estado limpiando de palomina el tejado y el patio exterior del establecimiento, para posteriormente depositar toda la suciedad en una bolsa de basura que colocó en la puerta. Esta simple explicación parecía alejar la teoría del ritual, pues para la realización del mismo se deberían haber usado elementos específicos que el asesino (si es que había alguno) debería haber traído preparados de antemano, no haberlos elegido al azar mientras pasaba por allí. Quedaba no obstante una pregunta en el aire ¿por qué había acabado el contenido de aquella bolsa de basura sobre el cuerpo sin vida de Francisco?
Cuando se conoció el resultado de la autopsia, la teoría del accidente cobró aún más fuerza. Los forenses determinaron que Francisco falleció por las lesiones sufridas tras un fuerte golpe en la cabeza, añadiendo que “compatible con esta herida en la zona temporal izquierda hay una gran hemorragia interna y fractura de cráneo que no ha sido provocada externamente con ningún objeto, toda vez que el cuero cabelludo no está afectado”.
Este informe, unido al hecho de que Francisco no presentaba heridas defensivas en su cuerpo llevó a los investigadores a reafirmarse definitivamente en que su muerte se produjo por una caída, agravada por el alcohol. El rastro de sangre que había junto al cadáver sería consecuencia de que la muerte no fue instantánea, y el hombre, en su agonía, se arrastró por el suelo creando ese patrón.
El calor, la embriaguez y los testimonios de las diferentes personas con las que se cruzó aquella noche apuntaban, según la policía, a que había sido el propio Francisco quien se había quitado la ropa antes de caerse, aunque la camisa la debía de llevar por lo menos superpuesta pues si recordamos, tenía manchas de sangre que indican proximidad al cuerpo cuando se hirió.

A pesar de estas conclusiones oficiales, los amigos y familiares, junto con otros muchos vecinos de Jaén, seguían opinando que la muerte de Francisco no había sido un accidente y que detrás de aquella había un culpable que aún seguía libre y sin identificar. ¿Podría haber sido una pelea de borrachos que acabara con un mal empujón? Si era así ¿qué papel jugaba la palomina extendida sobre el cadáver de Francisco? ¿Alguien quiso reírse de la desgracia del hombre o tenía algún otro sentido que se escapaba a los investigadores? ¿podría ser un robo que salió mal? Pero entonces ¿por qué la cartera de Francisco estaba intacta?
Muchas preguntas en el aire y casi todas quedarían sin resolver...no obstante, la relativa a la palomina, por fin tuvo respuesta.
Tras muchas averiguaciones, la policía logró encontrar a un hombre, habitual compañero en las largas noches etílicas de Francisco, y cuyo nombre no ha trascendido, que dio una clara explicación de lo que pasó aquella noche: al ver a su amigo tendido en la acera, aparentemente inconsciente, le quitó la ropa para tratar de reanimarlo, al no conseguirlo, intentó tapar su desnudez con lo primero que vio, la bolsa de basura que contenía las plumas y las heces de paloma. Tras extender su contenido por el cuerpo de Francisco, y en vez de avisar a los servicios sanitarios o a la policía, se alejó a paso ligero del lugar y quizás fuera a él a quien vio la pareja aquella noche y a quien captó la cámara de seguridad del lugar.
Con todos los misterios resueltos se cerró el caso como una muerte accidental, convirtiendo a este caso en el primero del blog que se resuelve, pero el halo de misterio que sigue pesando sobre la muerte de Francisco, el lugar tan emblemático en el que ocurrió y que, como en otros casos, la gente sigue reticente a creer en la versión oficial, lo convierten en un caso muy especial que se resiste a desaparecer de los casos sin resolver de la historia criminal española.
Es turno ahora para conocer lo que piensas sobre este misterio ¿crees en la versión oficial? ¿quedaron todos los enigmas del caso resueltos con la investigación? ¿tienes una teoría alternativa? Déjame tus comentarios abajo.



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