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  • David CM

Asesinatos de Keddie

Sheila Sharp recorría sin prisa los escasos metros que separaban la cabaña de la familia Seabolt de la suya, donde había dejado a su madre y a sus cuatro hermanos pasando la noche del 11 de abril de 1980. El sol empezaba su viaje diario despuntando sobre las estribaciones de la Sierra Nevada californiana cuando Sheila abrió la puerta de su cabaña, encontrando un horror que marcaría su vida para siempre.


La cabaña de los crímenes. Demolida en 2004. fuente: frightfind.com

En el salón de la cabaña yacían los cuerpos de su madre, Glenna Sharp, su hermano, John Sharp y un amigo de este, Dana Hall Wingate. Aún en estado de shock y temiendo que el asesino siguiera por allí, Sheila corrió pidiendo ayuda en dirección a la cabaña de los Seabolt. Alarmado por los gritos, James Seabolt, acudió a la cabaña de sus vecinos.

—¡Mis otros hermanos aún están dentro! -gritó horrorizada Sheila.

Efectivamente, dentro del inmueble y sin moverse de su habitación, estaban Rick y Greg, los más pequeños de la familia Sharp, junto con Justin Smart, otro niño amigo de la familia. Parecían haber estado durmiendo durante los brutales actos, aunque aún faltaba mucho por investigar…

Sin pensarlo dos veces, James Seabolt sacó a los tres niños por la ventana de la habitación y juntos esperaron fuera de la cabaña a que se presentaran las autoridades.

Cuando el sheriff y los alguaciles del condado de Plumas, al que pertenecía el pueblo de Keddie, llegaron a la escena, no estaban preparados para lo que allí encontraron, cosa que probablemente explique los numerosos fallos que cometieron desde el principio de la investigación.


Escena del crimen en la cabaña de Keddie. Fuente: wikipedia

La escena era terrorífica y emanaba un halito de violencia desmedida y cruenta. Tanto John Sharp como su amigo Dana Wingate estaban atados con cinta adhesiva y cables en la sala de estar. La madre, Glenna Sharp, yacía desnuda de cintura para abajo y amordazada con un pañuelo y sus propias bragas. En la escena se hallaron un cuchillo, que provenía de la propia cocina de la cabaña (lo que podría indicar que el asesinato no fue premeditado), y un martillo. Los tres habían sido apuñalados con el cuchillo, que tenía la punta rota por la violencia de las puñaladas, además de haber sido agredidos con el martillo repetidas veces. Glenna presentaba también la marca de una culata en la sien.


Armas del crimen de Keddie. Fuente: Wikipedia

Planteado el misterio de las brutales e inexplicables muertes de tres personas, aún quedaba otro gran enigma que resolver, y es que Sheila preguntaba de forma incansable desde que llegaron los investigadores, donde estaba su otra hermana, Tina Lynn Sharp, de la cual no había rastro ni en la cabaña ni en los alrededores.

La primera tarea de los investigadores fue reconstruir la vida de la familia Sharp. En 1980 Glenna Sharp abandonó el hogar familiar en Connecticut, tras separase de su marido. La mujer se trasladó junto con sus cinco hijos hasta California, instalándose en un complejo de cabañas de la pequeña localidad de Keddie.

Como ya se ha dicho, la noche de los asesinatos, en la cabaña estaban, Glenna Sharp, sus hijos pequeños Rick y Greg, junto con su amigo Justin Smart, y los hijos más mayores, Tina y John Sharp y el amigo de este último, Dana Wingate. Otra de las hijas de Glenna, Sheila, pasó la noche del 11 al 12 de abril de 1981 en la cabaña de la familia Seabolt.


Las víctimas. Arriba: Glenna Sharp y John Sharp. Abajo: Tina Sharp y Dana Wingate

Ningún vecino de los Sharp pareció escuchar nada a pesar de que la escena del crimen estaba llena de violencia. Solo una mujer dijo haber oído unos gritos ahogados a eso de la una y media de la mañana. Ni siquiera los Seabolt, que vivían cerca, habían oído nada.

La puerta de la cabaña no había sido forzada, y del interior solo faltaban una chaqueta de Tina, que para ese momento aún estaba desaparecida, sus zapatos y una caja de herramientas.

Desde el principio, la desaparición de Tina se tomó como un secuestro lo que implicaba la presencia de FBI, aunque pronto se desentendieron del caso afirmando que el Departamento de Justicia “estaba haciendo un trabajo adecuado”. La policía local peinó un área de unos 8 kilómetros alrededor de la cabaña con perros de rastreo, que no arrojó ningún resultado positivo. La chica, o lo que quedara de ella, se había esfumado.

La policía se centró entonces en los potenciales sospechosos, pero sin ningún éxito. Uno de los que llamó más la atención desde el principio fue el padrastro de Justin, Martin Smart. En palabras del sheriff Doug Thomas, Martin parecía proporcionar “pistas interminables que arrojaban las sospechas lejos de él”. Estas sospechas jamás se alejaron de su persona, y volverían como un boomerang perdido en el tiempo cuando ya casi nadie recordaba el caso…

Visto el poco éxito que habían tenido con los sospechosos y la poca ayuda que proporcionaban las pistas, los investigadores se centraron en los testigos, el problema era que los tres rondaban los 7 años, y, o bien estaban en shock, o realmente no se habían enterado de nada. La policía se centró especialmente en Justin Smart, al que interrogaron en varias ocasiones. Si bien sus historias fueron contradictorias, en uno de los interrogatorios, y bajo hipnosis, el chico afirmó haber escuchado ruidos inusuales provenientes de la sala de estar mientras veía la televisión en la habitación junto con Rick y Greg. Cuando se acercó alertado por el jaleo, vio a la señora Sharp con dos hombres: uno con bigote y cabello corto y el otro afeitado y de cabello largo. Ambos llevaban gafas. Cuando (según la versión del pequeño Justin) John y Dana entraron en la casa se pusieron a discutir con los hombres comenzando entonces una violenta pelea. Fue supuestamente entonces cuando la otra hija, Tina, entró en la habitación y uno de los hombres la arrastró fuera de la cabaña por la parte trasera.


Retrato robot de los sopechosos según la descripción de Justin Smartt

Los investigadores albergaban muchas dudas al respecto de lo que había dicho un niño, posiblemente en shock, bajo hipnosis y que además contaba historias contradictorias…pero en realidad no tenían nada más a lo que agarrarse y confeccionaron entonces un retrato robot de los sospechosos según los había descrito Justin distribuyéndolos por la zona.

La semana siguiente a los asesinatos, y ante los rumores que empezaban a levantarse sobre el caso, el sheriff Doug Thomas, desestimó las posibles vinculaciones del caso con un asesinato ritual o con el tráfico de estupefacientes puesto que no se había encontrado en la casa parafernalia alguna sobre el tema, ni drogas ilegales.

Llegados a este punto, y como suele ocurrir en los casos que trato en este blog, la investigación quedó varada. Ni había sospechosos claros, ni se tenía ninguna pista de donde estaba la pobre Tina Sharp.

No fue hasta pasados más de tres años de los asesinatos de Keddie que una nueva pista vino a perturbar la quietud en que se hallaba la investigación. Fue el 22 de abril de 1984 cuando un hombre encontró por casualidad los restos de un cráneo y una mandíbula humana. El hallazgo se produjo en Camp Eighteen, cerca de Feather Falls, en el condado de Butte, a más de 100 kilómetros del escenario principal del crimen. Junto a los restos óseos los investigadores encontraron una manta para niños, una chaqueta de nylon azul, un par de vaqueros con la parte posterior arrancada y restos de un rollo de cinta americana. Antes si quiera de que los exámenes forenses identificaran los restos, una llamada anónima advirtió a la oficina del sheriff de que aquellos huesos pertenecían sin dudas a Tina Sharp.

¿Qué hizo entonces la policía con esa comunicación anónima que parecía saber más incluso que ellos mismos? Ni siquiera la catalogaron como prueba y no se volvió a saber de ella hasta que una grabación de la misma fue hallada en 2013 en la parte inferior de una caja de pruebas del caso…

Ya en junio de 1984 un patólogo forense confirmó que los restos eran efectivamente de Tina Sharp, pese a lo cual tampoco hubo grandes avances en el caso.

Nos situamos ahora en el año 2008 y es que fue entonces cuando un documental sobre los asesinatos de Keddie sacó a la luz nuevos datos que habían quedado en el limbo, poniendo el foco en un antiguo sospechoso. Marilyn Smart, madre de Justin y esposa por entonces de Martin Smart, admitió ante las cámaras sus sospechas sobre su esposo y su amigo John “Bo” Boubede. Según Marilyn, la noche del 11 de abril de 1981, había dejado a los dos hombres a eso de las 23 horas en un bar local. Sin embargo, alrededor de las 2 de la mañana, se despertó y fue testigo de cómo ambos quemaban un objeto sin identificar en la estufa. Añadió además que Martin “odiaba a Johnny (el hijo de Glenna Sharp) con pasión”. Otra de las razones que podrían haber llevado a Martin a cometer los crímenes, según Marilyn, es que la propia Glenna, que recordemos se había separado ese mismo año de su marido, estaba aconsejándola sobre qué hacer con su matrimonio, cosa que le había enfadado “como nunca antes”.

En ese mismo documental, el sheriff Doug Thomas afirmó haber interrogado personalmente a Martin y que este había pasado la prueba del polígrafo sin problemas.

Continuamos avanzando en el tiempo hasta detenernos en el año 2016, concretamente en un artículo publicado en el periódico The Sacramento Bee en el que se volvía a enfocar a Martin Smart como principal sospechoso. Según el artículo Martin habría dejado Keddi poco después de los asesinatos y conducido hasta Reno, en Nevada. Desde allí, habría mandado una carta a su mujer Marilyn quejándose de los problemas de su matrimonio y concluyendo con esta frase: “pagué el precio de tu amor con la vida de cuatro personas”.

Obviamente, para el 2016 la investigación había cambiado de manos. El nuevo responsable, el investigador especial del Condado de Plumas, Mike Gamberg, criticó abiertamente en una entrevista la poco profesional labor de sus predecesores, y es que la carta a la que hacía referencia el artículo de prensa había sido pasada por alto en la investigación inicial y ni siquiera fue admitida como prueba. En palabras de Gamberg “alguien recién salido de la academia habría hecho un trabajo mejor”.

Otro de los que aparentemente tenía algo que decir sobre el caso era un consejero al que Martin Smart solía acudir con frecuencia. Supuestamente, Martin, le confesó ser el culpable de los asesinatos de Glenna y Tina, pero añadió que “no tenía nada que ver con la muerte de los otros chicos”. Por lo que parece, la muerte de Tina habría sido un daño colateral puesto que había sido testigo de todo y debía ser silenciada.

Ahora supongo que te estarás preguntando por qué Martin Smart y John Boubede seguían en libertad si todos los indicios apuntaban hacia ellos…pero me temo que casi nunca las cosas son tan fáciles como parecen. Ninguno de los dos se encontraba ya en el mundo de los vivos dado que Martin había muerto de cáncer en Portland en el año 2000 y John, supuestamente vinculado al crimen organizado de Chicago, murió en esa misma ciudad en 1988.

Aún con los dos mayores sospechosos bajo tierra, la investigación siguió su curso hasta que el 24 de marzo de 2016 un martillo que coincidía con la descripción que dio Martin Smart de uno que se le había “perdido” en la fecha de los crímenes, fue descubierto en un estanque local y tomado como prueba. El sheriff Hagwood, que también colaboraba en la investigación y que contaba con 16 años en la fecha del crimen y conocía personalmente a la familia Sharp declaró que ”la localización del martillo parecía elegida intencionadamente, no se habría podido perder allí por casualidad”.

Las últimas noticias sobre los asesinatos de Keddie, son de hace algo más de dos años, y es que el jefe de la investigación, Mike Gamberg, informó del hallazgo de restos de ADN en uno de los fragmentos de cinta americana pertenecientes a una persona que aún está viva por lo que el caso de los asesinatos de Keddie sigue abierto.

Ahora me gustaría saber tu opinión ¿crees que el caso podría haberse resuelto con una mejor investigación? ¿Son las pruebas contra Martin Smart lo suficientemente solidas?

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