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  • David CM

El monstruo de las 21 caras

Japón vivía una época de bonanza a mediados de los años 80 del siglo pasado, se habían colocado como segunda potencia mundial tras la todo poderosa Estados Unidos, recuperándose casi milagrosamente de su desastrosa derrota en la Segunda Guerra Mundial. La economía japonesa navegaba con viento a favor, la criminalidad era muy baja y la sociedad en general parecía satisfecha.


El Monstruo de las 21 caras manejó durante más de un año a la policía de Japón a su antojo

Por todo esto, cuando el Monstruo de las 21 caras extendió su sombra sobre la sociedad nipona el 18 de marzo de 1984, el impacto hizo estremecer sus cimientos, abriendo en ella una herida que, aunque muchos hayan olvidado, aún permanece abierta.

Aquella noche, Yoshie veía la televisión como cualquier otra noche. Disfrutaba de una infusión relajada en su sillón favorito cuando un fuerte golpe la tiró al suelo. En décimas de segundo dos hombres enmascarados la habían amordazado con cables de teléfono. Sin más miramientos los intrusos exigieron que les entregara la llave de la casa de su hijo, el presidente de la poderosa empresa de confitería Glico, que vivía en el piso de al lado.

Con las llaves del piso de al lado en la mano, y dejando tras ellos a la anciana en estado de shock, los asaltantes irrumpen en el salón de la casa de su hijo, Katsuhisa Ezaki. Primero se encuentran con su mujer, Mikieko y con su hija mayor Mariko. La mujer no duda en indicarles donde se encuentra la caja fuerte, pidiéndoles que se lleven lo que allí se guarda, pero la respuesta de los hombres es lapidaria y misteriosa: “Cállate, el dinero es irrelevante”.

Tras cortar los cables telefónicos, dejando la casa aislada del exterior, los enmascarados localizan a Katsuhisa, que en ese momento se está bañando con sus dos hijos más pequeños. Sin más miramientos, el señor Ezaki es arrancado de la bañera y secuestrado. Los asaltantes no solo le roban la libertad si no también la dignidad.

Los asaltantes trasladan a Katsuhisa Ezaki de inmediato a un almacén en Ibaraki, Osaka y los secuestradores exigieron el pago de mil millones de yenes además de 100 kilogramos de lingotes de oro a cambio de su libertad.

Si bien la policía japonesa estaba acostumbrada a las guerras entre Yakuzas y a sus actividades ilegales, el secuestro era algo casi desconocido en el país, así que cuando tres días más tarde Katsuhisa Ezaki consiguió liberarse de sus ataduras y escapar de su cautiverio, los investigadores supusieron que los secuestradores eran unos chapuceros aficionados o algún lunático que pronto sería capturado.

Se equivocaban y al ser subestimado, El Monstruo de las 21 caras pronto tomaría el control jugando a su merced con la policía.


Palitos Pocky el producto estrella de Glico

Si bien el señor Ezaki había logrado escapar indemne del cautiverio, no fue capaz de dar ninguna pista solida a los investigadores ni indicar las motivaciones reales de los secuestradores más allá de la cantidad estratosférica de dinero.

Parecía que tan inesperadamente como había venido, la amenaza para la compañía Ezaki Glico se había disipado, sin embargo, unas semanas después del secuestro de su presidente, el misterioso grupo volvió a dar una muestra de su poder, pegándole fuego a unos vehículos de la compañía en su sede central.

Tras este primer golpe El Monstruo de las 21 caras se presentó en sociedad con una carta dirigida a la policía:

“A los idiotas de la policía japonesa: ¿sois estúpidos?

Hay muchos de los vuestros ¿qué demonios estáis haciendo? Si de verdad sois profesionales, intentad capturarme.

Hay demasiada desventaja así que os daré una pista: no tengo aliados entre los familiares de Ezaki, no tengo aliados en la policía de Nishinomiya, no tengo aliados entre los cuerpos de combate contra inundaciones.

El coche que usé es gris, la comida la compré en Daiei.

Si queréis más información, suplicad por ella en los periódicos. Después de deciros todo esto, deberíais ser capaces de detenerme. Si no, sois solo ladrones de impuestos. ¿Debo secuestrar también al director general de la prefectura de policía?”


Después de esta carta, el 16 de abril de 1984, un contenedor lleno de ácido clorhídrico, un líquido muy corrosivo, fue hallado en uno de los edificios de la compañía Glico en Ibaraki, la misma ciudad en la que Katsuhisa Ezaki fue retenido.

Aunque el Monstruo se exponía descaradamente en su primera carta a la policía, burlándose de su ineficacia, los investigadores no pudieron sacar nada en claro de las pistas que les ofrecía.

Quien quiera que estuviera escondiéndose tras la sombra del Monstruo, veía crecer su impunidad y su ego se hinchaba a cada movimiento exitoso, no dudando en pavonearse de su superioridad ante la policía enviando cartas a los medios de comunicación. En una de ellas, escrita en hiragana y usando dialecto de Osaka decía:


“Queridos estúpidos oficiales de policía. No digáis mentiras. Todos los crímenes comienzan con una mentira como decimos en Japón. ¿No lo sabíais?”


El Monstruo de las 21 caras continuó con su campaña mediática el 23 de abril, enviando cartas a los periódicos Sankel y Mainichi, así como a la comisaría de Koshien:


“A los idiotas de la policía:

No debéis mentir. Si mientes, robas. He enviado esto también a la policía de Koshien. ¿Por qué mentís?

No ocultéis cosas.

¿De qué os quejáis?

Estáis teniendo tantos problemas que os voy a dar una pista: entré a la fábrica por la entrada lateral para empleados. La máquina de escribir que usamos es de la marca PanWriter. El contenedor de plástico usado era basura de la calle.

El Monstruo de las 21 caras.”


La siguiente carta atacaría directamente al gigante Ezaki Glico y sería un torpedo directo a la línea de flotación tanto de la policía como de la sociedad japonesa. El día 10 de mayo de 1984 el Monstruo advertía a la compañía de que un porcentaje de sus productos habían sido envenenados con cianuro de potasio y se amenazaba con ponerlos a la venta en las estanterías de las tiendas.

La policía puso patas arriba todas las tiendas que vendían los productos de Glico. La búsqueda fue negativa, pues ningún producto envenenado se encontró, pero el daño estaba hecho. Todos los productos de la empresa tuvieron que ser retirados de las tiendas, lo que resultó en perdidas de 20 millones de dólares y el despido de 450 trabajadores a tiempo parcial.

Fue en esta época cuando la policía tuvo noticias del que desde entonces sería considerado como principal sospechoso de estos delitos y es que tras las amenazas a Glico, un hombre con una gorra de beisbol fue grabado por las cámaras de seguridad de un supermercado colocando chocolates de la marca en las estanterías. Desde entonces la policía ha buscado a este hombre, sin ningún resultado positivo, aunque una foto con la captura de la cámara de seguridad fue publicada en su momento.


El hombre captado en video fuente: Wikipedia

Después de sacudir sin piedad al país y de llevar contra las cuerdas a una de las empresas más importantes de Japón, el 26 de junio, El Monstruo de las 21 caras envió un mensaje proclamando su perdón hacia Glico y así, el acoso a la empresa cesó.

La sociedad japonesa respiró aliviada, pero el monstruo solo había estado calentando, las cosas se iban a poner serias a partir de ahora.

Su siguiente victima fue la compañía Morinaga, también especializada en confitería. Además, esta vez se atrevió a chantajear a la vez a otras empresas de comida como Marudai Ham y House Food Corporation.

En octubre de 1984 una carta dirigida a “las madres de la nación” y firmada por el Monstruo, fue enviada a las agencias de noticias de Osaka. En ella se amenazaba con poner en el mercado veinte paquetes de caramelos Morinaga envenenados con el mortal cianuro de sodio.

Obviamente el pánico volvió a adueñarse de la población y la policía buscó de forma incansable por todas las tiendas desde Tokio hasta el oeste de Japón. La diferencia con el caso anterior es que el Monstruo cumplió su amenaza y los investigadores encontraron una docena de paquetes letales de la empresa Morinaga, afortunadamente, antes de que nadie resultara intoxicado. Todos estos paquetes venían etiquetados como “Peligro: contiene toxinas”. Otros productos envenenados se encontraron en las tiendas meses después, hasta llegar a un total de 21 productos de dulces letales.

La compañía Morinaga se vio obligada a reducir su producción hasta un 90% ese día, con las consecuencias económicas que esto conlleva.

El 1 de noviembre de 1984 una amenazante carta del Monstruo de las 21 caras llegó a la casa de Mitsuo Yamada, vicepresidente de Morinaga:


“Al presidente:

Ya has visto nuestro poder ¿verdad? Si nos desobedeces destruiremos tu compañía. Serás asesinado. Decide si quieres darnos dinero o ver tu compañía destruida.

Respóndenos en el periódico de Mainichi el 5 o 6 de noviembre. Usa la sección de personas desaparecidas. Utiliza estas palabras en la respuesta: Jiro, Morinaga, Madre, Policia, Mal amigo, Dinero, Comida.

Como dijimos anteriormente, queremos doscientos millones de yenes.

El Monstruo de las 21 caras


Como exigía el extorsionador, la respuesta de Morinaga llegó el 6 de noviembre con un anuncio en la sección de personas desaparecidas del periódico de Mainichi:


“Querido Jiro, mal amigo desaparecido. Vuelve. Una comida caliente está esperando. Tu madre Chiyoko”


Al día siguiente dos cartas más fueron enviadas a House Food. El Monstruo estaba descontrolado.

Por su parte, la policía se esforzaba al máximo, y el 28 de junio de 1984 estuvieron cerca de atrapar al que desde ese día pasaría a la historia como el principal sospechoso. El Monstruo había acordado cesar con las amenazas a Marudai Ham a cambio de cincuenta millones de yenes. El intercambio de dinero se haría en una zona demarcada con una bandera blanca a la que había que llegar en el famoso tren bala.

Uno de los investigadores, disfrazado de empleado de Marudai siguió al pie de la letra las instrucciones del Monstruo. Mientras estaba en el tren, el policía se dio cuenta que alguien sospechoso le vigilaba. El hombre, alto, fornido, con gafas de sol y pelo corto, sería conocido para siempre por sus ojos, parecidos a los de un zorro.

Mientras los investigadores seguían al sospechoso de tren en tren, este fue capaz de darles esquinazo. Sin embrago, el hombre de los ojos de zorro volvería a dejarse ver en otro intercambio secreto de dinero con la House Food Corporation. Una vez más, el hombre fue capaz de eludir a la policía y evitar ser capturado.


Retrato robot del hombre con los ojos de zorro fuente: wikipedia

Una pregunta queda en el aire ¿son el hombre de los ojos de zorro y el de la cinta de video la misma persona? Algunos investigadores creyeron que sí y además le pusieron nombre y apellidos: Manabu Miyazaki.

La policía metropolitana de Tokio estaba segura de que Miyazaki era el hombre al que buscaban por su parecido físico con el sospechoso. Además de esta semejanza, Miyazaki era hijo de un conocido jefe de la Yakuza y también se dedicaba a operar al margen de la ley él mismo. Por si esto no era suficiente, Miyazaki había dirigido el sindicato de trabajadores de la compañía Glico, pero fue despedido debido a ciertas irregularidades.

No obstante, sus coartadas fueron verificadas y Miyazaki fue absuelto de los crímenes de Glico-Morinaga, aunque aún hoy muchos sospechan que estuvo implicado en el grupo detrás de las extorsiones.

Habían pasado diecisiete meses de investigación sin que ningún sospechoso fuera detenido y El Monstruo de las 21 caras seguía jugando con la policía a su antojo. El honor de los investigadores estaba en juego, y eso en Japón es algo muy serio.

Hubo un policía que no fue capaz de soportar la humillación y el fracaso al que se tenía que enfrentar cada día de investigación. El superintendente de policía de la prefectura de Shiga, el señor Yamamoto, se suicidó auto inmolándose en agosto de 1985.

Su sacrificio pareció apaciguar al Monstruo que cinco días después envió el que sería su último mensaje a los medios:


“Yamamoto de la policía de Shiga ha muerto. ¡Qué estúpido por su parte! Son Yoshino o Shikata quienes deberían haber muerto. ¿Qué han estado haciendo durante un año y cinco meses?

No dejéis a los chicos malos como nosotros salirse con la suya. Hay muchos idiotas que quieren imitarnos.

Yamamoto murió como un hombre. Así que hemos decidido mostrar nuestras condolencias. Hemos decidido olvidarnos de torturar a las compañías alimenticias. Si alguien intenta chantajear a estas compañías no somos nosotros si no alguien que nos imita.

Somos chicos malos así que tenemos otras cosas que hacer además de intimidar a empresas. Es divertido llevar una vida de chico malo.

El Monstruo de las 21 caras.”


Después de esta carta, jamás se volvió a saber nada del Monstruo, los chantajes cesaron y los productos envenenados no volvieron a estar a la venta en las estanterías de las tiendas japonesas. La policía y la sociedad volvían a respirar tranquilas, pero en la mente de todos quedó una honda preocupación y es que nadie había sido capaz de hacer frente al Monstruo…

Tras el reinado de terror del Monstruo, nadie había sido envenenado y tampoco nadie recogió los millonarios rescates que pagaban las compañías.

Se estima que, en cierto punto de la investigación, más de un millón de policías estuvieron trabajando en el caso. Se investigaron unas 28.000 pistas y alrededor de 125.000 sospechosos, aunque nadie fue detenido en relación con estos crímenes.

El caso de secuestro de Katsuhisa Ezaki prescribió en junio de 1995 y el de los envenenamientos de comida en febrero de 2000. Aún así nadie ha dado la cara reclamando estas acciones intimidatorias que pusieron en jaque a todo un país.

A lo largo de los años, las teorías han tocado distintos miedos de la sociedad de la época, desde agentes secretos de Corea del Norte que deseaban la desestabilización de Japón a grupos bursátiles que compraban grandes paquetes de acciones de las compañías cuando estaban hundidas obteniendo enormes beneficios cuando el Monstruo de las 21 caras anunciaba su sorpresivo perdón a las empresas.

Ahora es el turno de compartir tus opiniones ¿Quién crees que estaba detrás de las acciones del Monstruo? ¿Cuáles eran sus verdaderas intenciones? Déjame tus comentarios abajo.

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