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  • David CM

Asesinatos del lago Bodom

Tras el estrepito y los gritos desesperados, el silencio volvió a apoderarse de la orilla del lago. Mientras se desvanecía en la oscuridad de la inconsciencia, Nils Gustafsson atisbó por última vez la silueta de su agresor alejándose satisfecho. Su mente solo acertaba a preguntarse ¿por qué a nosotros?

Ajeno a lo que había ocurrido allí unas horas antes Esko Oiva Johansson paseaba por la orilla del lago con la mente puesta en sus últimos trabajos de carpintería, cuando se topó con el horror: cerca de la orilla, dos tiendas de campaña yacían destrozadas y ensangrentadas, a su lado y parcialmente cubiertos por ellas, cuatro jóvenes cadáveres. Esko se acercó sumido en la más profunda estupefacción. Su sorpresa fue aún mayor cuando se percató de que uno de los chicos aún luchaba contra la guadaña de la muerte.

Cuando la policía hizo acto de presencia, no podían dar crédito al espectáculo de caos y sangre que se exhibía ante sus ojos. El 5 de junio de 1960, la tranquila orilla del lago Bodom, a unos 22 kilómetros al oeste de Helsinki, se había convertido en el escenario de lo que con el tiempo sería considerado uno de los crímenes más famosos de la historia de Finlandia.

Mientras Nils Wilhelm Gustafsson de 18 años y único superviviente va camino del hospital, los investigadores identifican a las demás víctimas: Maila Irmeli Björklund de 15 años y novia de Nils, está desnuda de cintura para abajo y presenta numerosas puñaladas, el asesino se cebó especialmente con ella; aún dentro de su tienda y también apuñalados repetidas veces yacen los cadáveres de la otra pareja, Anja Tuulikki Mäki también de 15 años y Seppo Antero Boisman de 18.


Las cuatro víctimas

El escenario del crimen es invadido por los investigadores, que patean la orilla del lago con escaso éxito. La zona del crimen no es acordonada y muchas pruebas se perderán para siempre. Entre ellas las más importantes: las armas del crimen. Los cadáveres presentan heridas de arma blanca y de un objeto romo. El asesino cortó las cuerdas de las tiendas, y en el caos de gritos y esfuerzos por defenderse, apuñaló a los adolescentes hasta la muerte. Solo uno de los cadáveres presenta heridas post mortem: Maila Irmeli, la novia de Nils.

La policía finlandesa en la escena del crimen. Su mal proceder en esta fase de la investigación, dificultaría enormemente la tarea de encontrar al culpable.

Si lo que encuentran los policías es desconcertante, no lo es menos lo que no encuentran. El asesino se ha llevado consigo objetos que parecen aleatorios: las llaves de las motos de Nils y Seppo, pero no las motos; la chaqueta de cuero de Seppo y las carteras de todos ellos. ¿Un robo que salió mal? Uno de los zapatos de Nils se encuentra escondido en unos matorrales a quinientos metros del campamento. Demasiadas preguntas, muy pocas pruebas, un solo testigo.

Nils Gustafsson recupera finalmente la consciencia. Sufre una conmoción cerebral y fracturas en la mandíbula y varios huesos de la cara, pero ha sobrevivido al peor día de su vida. El pobre muchacho cree haber superado su peor pesadilla, pero cuando la muerte golpea y esquivas el golpe, se cobrará su venganza de una forma o de otra…


Nils Gustafsson recuperándose de sus heridas. Créditos: Horror Stories YouTube

Los policías, aferrándose a su único testigo, someten a Nils a todo tipo de preguntas. Recurren incluso a la hipnosis. Gracias a ello, el chico ve entre las brumas de su ensoñación a un hombre alto y rubio con ropas negras y rojas avanzar hacia ellos en la semioscuridad de la noche. El maltrecho cerebro de Nils no es capaz de recordar mucho más y los investigadores se ven sumergidos en unas aguas más profundas que las del propio lago Bodom.


Retrato robot de su agresor, según las descripciones de Nils Gustafsson bajo hipnosis. Fuente: medium.com

Tras años de frustraciones y callejones sin salida, comienzan a emerger nombres de sospechosos:


Pentti Soininen

Su compañero de celda le miraba sin creerse del todo lo que acababa de salir de su boca. Soininen solía ser muy críptico en sus afirmaciones, la mayoría de las veces apenas comprendía lo que le decía.

-Yo maté a los chicos del lago Bodom- volvió a repetir Soininen muy serio.

El otro preso trago saliva y miró a los ojos de aquel hombre de mantenimiento que salía y entraba de la cárcel sin apenas tiempo de saborear la libertad. En las tinieblas de la celda, su rostro era apenas visible, pero Soininen parecía sobrio y sincero. Mañana se lo diría al primer guardia que encontrara.

La policía le interrogó a la mañana siguiente y Soininen volvió a repetir lo mismo que le había contado a su compañero. En la época de los crímenes él tenía 15 años y vivía cerca del lago. Su confesión, sin embargo, no entusiasmo demasiado a los investigadores. Su estado mental estaba bastante deteriorado. El consumo de drogas y alcohol tampoco ayudaba. Su largo historial incluía robos, asaltos y atracos, pero ¿sería capaz también de asesinar a tres adolescentes y dejar a otro malherido? La policía concluyó que no.

Soininen continuó encerrado, para alivió del resto de la población. Su conciencia le martilleaba con la culpa y su mente ya no sabía distinguir entre verdad y simple alucinación. Para él, esta situación solo tenía una salida…

Para cuando llegó el viernes 6 de junio de 1969, Soininen tenía todo preparado. Se cumplía el noveno aniversario de los asesinatos del lago Bodom y no había mejor fecha para culminar su plan. Cuando la comitiva de presos que le trasladaba a otra cárcel se detuvo en la estación de transporte de prisioneros de Toijala, Soininen sabía que esa era su última parada. Cuando por fin le dejaron solo, sacó la soga casera que había fabricado y tras sujetarla firmemente en las rejas, la enrolló alrededor de su cuello. Mientras sentía cada fibra de ella apretando su garganta vislumbró a duras penas unas imágenes que no tenía claro ya si eran verdad o producto de su maltrecha mente. Se vio a si mismo hundiendo el cuchillo en la carne de Maila, Anja, Seppo y Nils. Sangre, golpes y gritos. Poco después silencio y oscuridad.


Valdemar Gyllström

El largo trago de licor calentó sus entrañas y le envalentonó. Alguien debía enseñar a esos malditos campistas que el lago no era suyo. Gyllström escogió las piedras más grandes que pudo encontrar y con sigilo se acercó a las tres tiendas azules que había cerca de la orilla. Encolerizado lanzó los pedruscos hacia su objetivo y salió disparado de allí. Los años de alcoholismo crónico no ayudaban a su estado de forma, pero consiguió huir sin ser visto. Solo había sido una advertencia, pero todos en los alrededores sabían de su temperamento.

Tirar rocas a los campistas estaba bien, pero nada podía compararse al terror que causaba cuando en plena noche se acercaba a los campamentos y cortaba las cuerdas de las tiendas de campaña. La confusión y los gritos de los jóvenes a los que asustaba le hacían doblarse de risa. Gyllström sabía que los campistas del lago Bodom eran lo que sustentaba el quiosco que regentaba, pero su odio hacía ellos era visceral, nacía de sus entrañas y se avivaba con el alcohol que regaba sus venas.

Esa noche tocaba cena con sus vecinos. Valdemar Gyllström era consciente de que todos en la zona le consideraban un demente y muchos le temían, incluida su esposa, pero, para variar, estaba bien beber acompañado. Bien entrada la noche y en un arrebato inesperado Gyllström confesó iracundo:

-¡Yo les maté! ¡Yo acuchillé y golpeé a esos niños a orillas del lago! ¡Y volvería a hacerlo sin dudarlo! Alguien tiene que deshacerse de esos desgraciados.

Su voz resbalaba por el alcohol, pero sus vecinos le creían muy capaz de hacerlo. Algunos incluso le habían visto venir del lago la noche del crimen, aunque jamás se lo habían dicho a la policía. Estaban aterrados. Sonrisas nerviosas se dibujaron en sus caras, mientras su esposa se llevaba el vaso a los labios en silencio.


Cuerpos de las tres víctimas mortales. Fuente: screamfestla.com

Esta confesión llegó a oídos de los investigadores, que registraron la casa de Gyllström sin éxito. El Hombre del Quiosco, como era conocido en los alrededores, no se inmutó, tenía claro que nadie jamás iría a registrar el pozo que poco después del crimen había cegado con cemento en el patio de su casa. Gyllström tenía además una coartada solida pues su esposa confirmó haber pasado la noche en la cama junto a él.

Dos asesinos confesos de los asesinatos del lago Bodom. Dos personas mentalmente inestables y con problemas de alcoholismo. Ninguna prueba en su contra. La investigación estaba en punto muerto.

Para cuando llegó 1969 la mente de Valdemar Gyllström era un caos. Su alcoholismo no había remitido y su ira tampoco. Cierto día el Hombre del Quiosco se internó en las frías aguas del lago Bodom. Poco a poco fue sintiendo el líquido empapando sus ropas. La suave brisa ondulaba lentamente la superficie del lago. Para cuando empezó a hundir su cabeza Gyllström tenía la mente en blanco, era como si la película de su vida se negara a reproducirse. Una vez sumergido por completo sus ojos se perdieron en la oscuridad verdosa del lago. Se dejó llevar hasta el fondo sin ofrecer resistencia. En la superficie, unas diminutas pompas de aire anunciaban el cuerpo que se sumergía. Poco después la calma regresó al lago. Nunca nadie sabrá si,sobrio o ebrio, Valdemar Gyllström había acabado con su vida.

Años después, en su lecho de muerte, la Sra. Gyllström confesó la verdad: su marido había pasado la noche de los crímenes fuera de casa…


Hans Assmann

Era una mañana tranquila la del 6 de junio de 1960 en el Hospital Quirúrgico de Helsinki. Nadie sabía nada sobre lo que había ocurrido de madrugada en el lago Bodom. Todo cambiaría, sin embargo, cuando un hombre alto y rubio entró por la puerta. Estaba visiblemente alterado y sus ropas cubiertas por manchas rojizas. Las enfermeras intentaron calmarle sin éxito, exigía ser atendido de inmediato. Fingió perder la consciencia en varias ocasiones hasta que por fin fue reconocido por un médico. Una revisión a fondo reveló que no tenía enfermedad alguna, pero destapó evidencias que hicieron sospechar al doctor. Además de las manchas rojas y su comportamiento irracional, el sujeto tenía las uñas manchadas de tierra.


Hans Assmann. Fuente: ranker.com

Alertados por el médico, los policías se personaron en el hospital. Teniendo en cuenta que ya estaban enterados del descubrimiento de los cadáveres, esta podía ser una pista crucial en la investigación. Una vez allí, los investigadores descubrieron que Hans Assmann había mentido sobre su identidad, actuado de forma sospechosa y errática y que además parecía estar cubierto de restos biológicos. Aun así, tras comprobar su coartada y verificar que vivía lejos del lago Bodom, le dejaron ir sin mayor oposición, a pesar de las protestas del médico que aseguraba que aquella sustancia roja que cubría sus ropas era sangre.

Tiempo después del incidente en el hospital, Assmann se enteró por la prensa de que unos chicos que observaban aves en el lago Bodom la madrugada del asesinato, habían visto salir de los matorrales cercanos a la orilla a un hombre alto y rubio, lo que confirmaba lo dicho por el único superviviente Nils Gustafsson. Assmann no se lo pensó dos veces antes de afeitarse su pelo rubio para alejar las sospechas de su persona.

A pesar del poco interés que la policía ha mostrado siempre por él, Hans Assmann es considerado como uno de los principales sospechosos de los asesinatos del lago Bodom. Este autoproclamado agente del KGB soviético e integrante del ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial, ha sido acusado por varios investigadores como el médico Jorma Palo y el ex detective inspector jefe Matti Paloaro, no solo de asesinar a los tres adolescentes del lago, si no de otros crímenes no resueltos en Finlandia, como el asesinato de Kyllikki Saari en Isojoki y el asesinato doble en Tulilahti.


Nils Gustafsson

Tuvieron que pasar cuarenta y cuatro años para que la policía hiciera el primer arresto relacionado con los asesinatos del lago Bodom. Mucho tiempo había transcurrido, pero Finlandia no había olvidado que el asesino de aquellos adolescentes podía seguir suelto impunemente. Todo esto pesaba en las mentes de los policías que en marzo de 2004 esperaban órdenes frente a la casa de Nils Gustafsson. Tenían claro que lo que estaba a punto de ocurrir sacudiría la nación.

Ajeno a esto, el Sr. Gustafsson disfrutaba de su jubilación, tras una vida al volante de un autobús. Después de años de esfuerzo y gracias al apoyo de su esposa y sus dos hijos, parecía haber dejado atrás la funesta noche en la que había luchado por su vida mientras veía morir a Maila, Anja y Seppo. Pero cuando los agentes entraron en su casa para arrestarle, la pesadilla volvió nítida a su mente.


Nils Gustafsson y su abogada al comienzo de su juicio el 16 de agosto de 2005. Fuente: allthatsinteresting.com

En un giro que desconcertó a la opinión pública, la fiscalía acusaba a Nils del asesinato de sus tres compañeros. La policía declaró haber estado detrás de Gustafsson desde el principio, pero necesitaban pruebas que le incriminaran de forma directa. Esas pruebas fueron reveladas en el juicio, que comenzó el 4 de agosto de 2005, y provenían del ADN encontrado en el zapato de Nils, o para ser exactos, del ADN que no encontraron en el zapato. Puesto que no se habían hallado rastros de la sangre del dueño del zapato, pero sí de todas las demás víctimas, la policía deducía que Gustafsson había acuchillado a sus compañeros de acampada hasta la muerte.

Según la acusación, Gustafsson se habría emborrachado y llevado por los celos comenzó una discusión con su novia Maila Irmeli. En un momento dado, Seppo Boisman se habría metido en la disputa, lo que derivó en una pelea entre los dos chicos. A resultas de este enfrentamiento, que Boisman habría ganado, Gustafsson acabó con su mandíbula fracturada y otros huesos de la cara rotos. Cegado por la ira, los celos y el alcohol, Nils habría acuchillado a los demás, ensañándose especialmente con el cuerpo sin vida de su novia. Después se habría auto asestado unas cuantas puñaladas para parecer otra de las víctimas y habría escondido sus zapatos y el resto de evidencias como pudo.


Una de las tiendas de campaña en las que hallaron a las víctimas, cuarenta años antes. Fuente: criminopatia.comcuarenta

La defensa por su parte argumentó que debido a las graves heridas que presentaba Gustafsson cuando fue encontrado le hubiera sido imposible atacar a sus compañeros y mucho menos andar la distancia necesaria para esconder su zapato y hacer desaparecer el resto de evidencias. Además, los chicos que observaban aves en otra parte del lago Bodom dijeron haber visto a una persona abandonar la escena del crimen.

Aunque la acusación pedía cadena perpetua para Nils Gustafsson, el día 7 de octubre de 2005 fue liberado de todos los cargos. Por si fuera poco, el estado finlandés debió pagarle 44.900€ por los daños psicológicos a causa del largo tiempo de detención.

Si bien fue declarado inocente, las sospechas sobre su nombre jamás desaparecerán…


El caso aún sigue abierto, aunque nadie confía en que se resuelva jamás. El misterio permanecerá oculto para siempre en las brumas del tiempo y solo las aguas del lago sabrán quien fue en realidad el ejecutor de los asesinatos del lago Bodom.

¿Quién es para ti el más culpable entre los sospechosos? ¿Crees que el asesino está entre los nombres que barajó la policía o será alguien más? Déjame tus opiniones al respecto del caso en los comentarios.


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