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  • David CM

El asesinato de Makiko Tsuchiyama. Una muerte con preaviso.

Lo siento dijo una voz femenina entre sollozos antes de colgar.

El abuelo de Makiko Tsuchiyama se quedó estupefacto. Llevaba casi dos minutos escuchando a una mujer desconocida balbucear incomprensiblemente al otro lado de la línea. Después de unos largos segundos con el teléfono aún pegado a su oreja, el anciano se recompuso e intentó seguir con sus quehaceres. No pasaría mucho tiempo hasta que la policía de la ciudad de Higashiōsaka llamara a su puerta.

Fuente: Aleksandar Pasaric en pexels.com


El cuerpo de Makiko, de dos años, había sido encontrado bocabajo en un callejón no lejos de su casa. En su cuello presentaba laceraciones hechas por un cordel. No estaba muerta, pero su vida corría grave peligro. Nueve horas están los médicos por salvar la vida de Makiko, pero agotada, la pequeña acaba rindiéndose. Es 21 de noviembre de 1984.

La policía japonesa registra cada centímetro del callejón donde se encontró a la niña. Interrogan a cada vecino de la zona. Nada. Nadie ha visto nada inusual. Nadie vio cómo se llevaban a Makiko. El hecho de que la niña estuviera jugando sola en la calle no era extraño, pues Japón es un país relativamente seguro y era normal que las familias dejaran jugar a sus hijos e hijas en la calle sin vigilancia.


Foto de Makiko Tsuchiyama aparecida en un programa de televisión.


No obstante, la pista que vendría a enredar el caso aún más, convirtiéndolo en un asesinato de alta extrañeza, la encontrarían en los propios archivos policiales: hacía poco más de un mes, Makiko Tsuchiyama había sido hallada en el mismo callejón, boca abajo e inconsciente. En su cuello, las mismas marcas de estrangulamiento. En esa primera ocasión la fortuna había estado del lado de la niña y se había recuperado físicamente. Psicológicamente, sin embrago, Makiko había quedado marcada.

La policía había archivado este primer intento de asesinato catalogándolo como un accidente. A su parecer, Makiko se habría herido el cuello mientras jugaba con un cordel atado a la puerta de su casa y debido a la asfixia había perdido la consciencia…

El hecho de que el cuerpo de la pequeña fuera encontrado de nuevo en ese mismo callejón, era desconcertante, pues según su abuelo, Makiko le tenía pánico desde aquel primer intento de asesinato y procuraba no acercarse por nada del mundo. Los investigadores concluyeron que la niña había sido estrangulada en otro lugar y, dándola por muerta, la habían abandonado en el mismo callejón, alejado de posibles testigos.

Tras el dramático asesinato de Makiko Tsuchiyama continuaron las llamadas anónimas al teléfono de su abuelo. Cuando el hombre descolgaba solo podía oír una profunda respiración. La persona al otro lado de la línea permanecía en silencio, hasta que, sin previo aviso, daba por finalizada la llamada.

Poco a poco el caso de Makiko fue cayendo en el olvido hasta que solo sus familiares lo recordaban. Hasta hoy nadie ha sido condenado por el crimen y tanto los autores como la desconocida mujer que hizo la primera llamada (si es que no son la misma persona) permanecen en el anonimato.

Ahora es tu turno. ¿Crees que el crimen de Makiko Tsuchiyama pudo haberse evitado si la policía hubiera tomado en serio el primer intento? ¿Son la mujer de la llamada y el asesino la misma persona? El lugar donde se encontró el cuerpo ¿fue elegido al azar o representaba algún tipo de fetiche para el asesino? Comparte conmigo tus pensamientos sobre este misterioso asesinato sin resolver.

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